La Cumbre (II)


Un nuevo viaje hacia el municipio de La Cumbre, en el Valle del Cauca, emprendimos con dos amigos apasionados por la fotografía.

Ya antes había publicado sobre La Cumbre y conté que es un lugar muy bonito, de muchos espacios para la fotografía y sobre todo para descansar. Aquella entrada posee imágenes del año 2012, así que, esta es una buena oportunidad para actualizar el recuerdo de aquel pueblo de nacimiento indígena.

Éste fue un domingo nublado, con poco calor de sol, y de viento fresco. Las nubes desde luego grises, con señal de acaparar tormenta. En el carro se escuchaba salsa de la que algunos llaman “brava” o “de la vieja guardia”; muy buena para un día frío como estos, aunque en realidad podría decir que eran boleros.

Don Gilberto

Al llegar, pudimos notar que había cierto revuelo con la empresa que tiene la concesión de la vía férrea y quienes han tomado los rieles como medio de sustento. Estos conductores de las “brujitas” no estaban contentos algo les atormentó la jornada.

Pude hablar con algunos, en especial con don Gilberto Calambas, un hombre que lleva más de 25 años dando un paseo de ida y regreso hasta la cascada en los carros de balineras, su medio de trabajo hasta la fecha. – Es que ellos quieren dejarnos sin trabajo- se refería a los ingenieros de Ferrocarril Del Pacifico (FDP) -Si quitan esto, ¿de qué va a vivir el pueblo?, esta es la atracción de La Cumbre- Y desde luego Gilberto tenía razón. Desde que tengo conocimiento de este municipio, siempre su atractivo además del clima es su paseo hasta la cascada en “brujita”.

Gilberto es un señor muy calmado, pero se ve crítico, de esos que analizan todo en medio del

Don Gilberto Calambas

silencio de sus pocas palabras. Me contaba que cerca estaba un señor que fue el primero en poner una tabla de madera con ruedas de hierro fundido y deslizarse sobre el ferrocarril. En el rostro de este trabajador, se ve que no ha sido fácil vivir de darle alegría a otros, seguramente ha pasado por días duros; en sus manos se puede ver que trabaja o ha trabajado la tierra, y en su rostro las arrugas y quemaduras del sol; las canas que le avisan al que apenas lo conoce, que su edad ya pasó las cinco décadas. Aún así, se ve fuerte y con ganas de seguir luchando, mientras menea su trapo rojo, tal vez de inseguridad al ver que tengo una cámara que le apunta como un arma extraña.

-¿Esos tipos qué se creen, qué uno es bobo?- Fue la primera frase de una mujer que también vive de las brujitas. -¡No hablés así que aquí está mi amigo-! Le dijo Gilberto a la señora, haciendo referencia a que yo era su amigo y debía hablar, imagino, con respeto. En ningún momento me faltaron el respeto, todo lo contrario, su amabilidad dio para que me contaran lo que, desde su perspectiva sucedió ese día.

La “pelea” no duró mucho, casi al instante empezaron las solicitudes para que los viajes a la cascada se llevaran a cabo. Don Gilberto, su amiga y los demás empezaron a movilizar pasajeros. Él con su trapo rojo lo sacudía de un lugar a otro, en señal de alerta a los turistas.

El Chaman

Muy cerca de la discusión me topé con un artesano, no de taller y madera, si no de los que los 70`s y 80’s se quedaron en su mente. Con toda su mercancía a la venta me muestra una especia de cartera o canguro y me asegura que es de cuero genuino; desde luego que lo es. Es un hombre que pareciera no tener mayores preocupaciones que vender su obra de arte. -Tengo estas a mil (pesos)- esa es una buena señal, algo economico que tenga este artesano sirve para apoyar su trabajo y además me llevo un buen recuerdo. Desde pulseras y aretes hasta cargadores para celular tiene en su mostrario. Por ahora me interesa una manilla, será un regalo.

-A mi me llaman “el Chaman”, hace esa frase como si fuera una advertencia de personaje

Un artesano que se hace llamar El Chaman vende sus productos.

Un artesano que se hace llamar El Chaman vende sus productos.

famoso, le llamo entonces por Chaman para que me muestre más de su trabajo. Y sin reproche saca de su maletín muchas cosas, que ni idea cómo hacen para caber en algo tan pequeño. Pero recuerdo que éste es uno de los viejos, de los que viajan de un lugar a otro sin reparos en maletas.

Este chaman es muy alegre, y aunque nunca vi cerca de él elementos para conjuros o embrujos, lo que si se nota es que a pesar de tener poco, este hombre brilla con luz propia.

El chaman se lleva su compra y yo una manilla que, creo, será un bonito regalo.

Me quedo con un amigo, Don Gilberto, que con su amabilidad me contó de su vida, su trabajo y me considera su amigo. Y el chaman, que espero verlo tal vez en algún viaje cercano.

Nota Final: La siguiente imagen es un Antes y Después de una casa muy tradicional que hoy ya no existe y que pueden ver en la entrada anterior.

Antes y Después

Antes y Después

Aquí algunas imágenes de este recorrido por “La Cumbre” (clic en las fotos para verlas)

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